"La distinción entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente."
Albert Einstein

domingo, 2 de julio de 2017

Reductio ad absurdum

El experimento consistía en enviar a un hombre al núcleo de un átomo.
   Los científicos que lo llevaron a cabo encontraron la manera de hacer que un hombre pueda ser un observador cuántico, capaz de informar en tiempo real. Lo más difícil fue conseguir un voluntario, problema que se resolvió con el reclutamiento de un condenado a muerte.
   Emplearon un proceso de reducción progresivo, para solucionar cuestiones de logística. Una especie de nave espacial, con su ocupante dentro, fue sometida a rayos reductores, y cuando alcanzó el tamaño adecuado la colocaron sobre una pista en miniatura y la enviaron a su destino: el átomo de carbono de un terrón de azúcar, ubicado a un metro de distancia, aproximadamente.
   El exitoso despegue fue recibido con aplausos en el centro de comando y control. Pero el "voluntario", que ahora simplemente era denominado "el observador", no pudo compartir ese entusiasmo. Nada lo habría preparado para la nueva realidad en la que estaba entrando. Se encontraba en la dimensión molecular, y el brillo estroboscópico de los enlaces covalentes le produjeron un ataque de epilepsia.
   Navegando en el vacío inter-atómico, poco después de que comando y control disparara el séptimo rayo reductor, el observador se acercó al objetivo. Porque no pudo encontrar otra analogía, comparó al átomo con un sistema solar.
  Comando y control luego lanzó otros siete rayos reductores. Y fue entonces, cuando la nave del  observador llegó a la dimensión subatómica, que se complicó el experimento: los científicos se dieron cuenta de que las transmisiones del observador estaban llegando antes de que las emitiera, lo que causó que se rompieran las comunicaciones y ya no pudieran determinar su posición exacta: comprobaron que en el acto de hacer la medición, cambiaban el resultado.
   Ahora ni siquiera están seguros de si el observador está vivo o muerto: según los cálculos de algunos, es probable que viva indefinidamente.

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