Ser humano es ser consciente del espacio y el tiempo. Esa es la esencia de nuestra existencia. Sin embargo, el hecho de existir inmersos en la textura de la realidad dificulta su observación directa. Podemos ver los colores, calcular los espacios, ubicar nuestra posición en una situación dada, degustar una papaya, oler el perfume de una mujer... ¿Pero cómo es que percibimos el tiempo? No lo hacemos con un sentido en especial, sino con todos: con ese "hipersentido" que llamamos conciencia.
Desde tiempos antiguos, hombres muy observadores, como los grandes filósofos griegos, los místicos orientales del hinduismo, el budismo, el Tao y el Zen, en tiempos más modernos los científicos y en todos los tiempos los poetas, han intuido que eso que llamamos "realidad" es una ilusión: es decir, una construcción de nuestra mente, una adaptación evolutiva del cerebro humano que nos ha permitido sobrevivir como especie. Esta conciencia ha evolucionado, ha avanzado, se ha expandido en la medida en que mejoran los instrumentos que emplea el hombre para observar el Universo.
Sin embargo, cuanto más penetramos en los misterios de la naturaleza, cuanto más expandimos esta conciencia, cuanto más percibimos la vastedad del Universo tanto hacia lo muy grande como hacia lo muy pequeño, más paradójica parece ser nuestra existencia.
Una realidad fracturada
Zenón de Elea, por medio de sus
paradojas, se consagró como el primer gran crítico de la realidad. En su paradoja "La flecha", Zenón describe una flecha volando en el aire. En cada instante la flecha está en una posición específica, en una "franja" de tiempo, y si esa franja es muy pequeña, la flecha no tiene tiempo para moverse, por lo que estaría en reposo. Otra manera de verlo es considerar que para que la flecha llegue al blanco, debe primero cubrir la distancia media, y de esa distancia media cubrir un cuarto de la distancia, y un octavo, y un dieciseisavo, cada vez la mitad de la distancia hasta el infinito, porque siempre es concebible una distancia media entre dos puntos. Zenón comprueba así que matemáticamente, el movimiento es imposible, dejándonos además con la desconcertante impresión de que el mundo en que vivimos es una construcción de nuestros sentidos.
Nuestro cerebro es alimentado por percepciones que representan en nuestros sentidos un mundo sólido. Sin embargo, como postuló correctamente Demócrito hace más de 2000 años, la realidad material que percibimos está constituida de unidades mínimas de materia, llamadas átomos y vacío, conformados en una textura que reposa sobre la nada. Demócrito fue en esencia confirmado por Ernest Rutherford, premio Nobel de Química en 1908, cuyo modelo atómico revela que el átomo en su mayor parte está compuesto de vacío.
Entre los Gnósticos, que hoy son herejes porque perdieron la batalla dogmática con los ortodoxos, estaban los
docetistas, quienes afirmaban que el mundo material era ilusión, que sólo era realidad el espíritu; y la cosmogonía hindú nos habla del
Maya, este mundo ilusorio que debemos trascender.
Física cuántica: paradojas del tiempo y el espacio
Mucho más recientemente, la naturaleza paradójica de la realidad se ha hecho evidente en las observaciones del mundo de lo muy pequeño, de las leyes que rigen a nivel atómico: la física cuántica. Ya casi nadie se sorprende al escuchar sobre la
naturaleza dual de la luz, que se comporta como onda y partícula a la vez. Nadie se sorprende, pero tampoco nadie lo comprende. No menos incompatible con la razón es la paradoja del
Gato de Schrödinger, que comprueba empíricamente que a nivel subatómico, el simple hecho de observar un experimento cambia su resultado. También se ha demostrado que dos quarks apareados, dos partículas subatómicas cuyo spin depende de la otra, pueden anticipar lo que la otra partícula va a
hacer en el futuro, y además pueden influir en el spin de su compañera dondequiera esta se encuentre en el universo. Es como si el mundo de lo muy pequeño constituyera un universo paralelo y a la vez inseparable del nuestro, una dimensión aledaña e inextricable de la nuestra con sus propias leyes físicas y en la que
el tiempo y el espacio no existen.
Como explican los famosos físicos Stephen Hawking y Leonard Mlodinow en su libro El gran diseño, en el mundo cuántico "no es posible remover el observador -- nosotros -- de nuestras percepciones del mundo. En la física clásica, el pasado es considerado como la existencia de una serie definida de eventos, pero según la física cuántica, el pasado, al igual que el futuro, es indefinido y existe solamente como un abanico de posibilidades".
El paradigma holográfico
La vida es sueño, dice Calderón de la Barca, y algo resuena en nosotros e intuimos, sin poder comprobarlo, que eso es cierto: la vida es sueño y los sueños, sueños son. Pero esto que nuestra conciencia reconoce como una intuición, algunos científicos lo están considerando como una posibilidad muy real. El trabajo conjunto de un astrofísico,
David Bohn, y un neurofisiólogo,
Karl Pribram, ha permitido en años recientes la formulación de un nuevo paradigma científico según el cual el
universo es un holograma, y que esta ilusión es reconstruida por el cerebro humano, que a su vez se comporta de una manera similar a un holograma.
How Sfuff Works. Le recomiendo a todo el mundo que la lea. Lo importante de la descripción del holograma son sus dos características básicas: que es el producto de la interferencia de dos haces lumínicos, y que en cada fotón que afecta esta interferencia se encuentra la totalidad de la imagen virtual del objeto representado. Es decir -- como se puede ver en la imagen a la derecha -- que si cortamos el holograma por la mitad, cada parte cuenta con la totalidad del objeto virtual representado, y por mucho que se divida cada parte está en el todo, y el todo está en cada parte.
Para poder comprender este paradigma, es muy importante entender qué es un holograma. La mejor descripción que conozco es de
Para Bohm, este modelo aplicado a la física cuántica y a la naturaleza de la luz, podría explicar la capacidad de los quarks de "comunicarse" aunque los separen eones, porque todo es parte de una unidad indivisible y permanente, lo que él llama la
Totalidad y el orden implicado. Pribram, de manera independiente, aplicó el modelo para explicar el hecho de que las memorias parecen encontrarse
en todo el cerebro, y que así como en un holograma la imagen del objeto virtual se encuentra en todas sus partes, una memoria se encuentra en todo el cerebro. La misma capacidad podría permitir al cerebro percibir una imagen ilusoria de la realidad para convertirlo en la percepción de la realidad cotidiana. En otras palabras, el paradigma holográfico propone que nuestro cerebro es un holograma diseñado para percibir otro holograma.
Mientras reflexionan sobre estas cuestiones, invito a todos a ver el
MindLab --Virtual Science Center, una excelente explicación de cómo se conecta nuestra conciencia al universo.
"El tiempo es una persistente ilusión"